Evidentemente, el gusto manda. Pero, como en el yin y el yang, en la música existe lo bueno dentro de lo malo y lo malo dentro de lo bueno. Veamos algunos tips para apreciar mejor el arte del sonido.

 

 

Por: Gonzalo Cabri

@GonzaCabri

 

¡Hola! Un gusto volvernos a encontrar después de 15 días (en realidad fueron 14). Antes de empezar quiero hacer dos declaraciones: 1) estaba muy ansioso de poder escribir sobre la temática de hoy; 2) de a poco se va a ir notando un distanciamiento de los análisis más sociales que presenté en las primeras columnas. La idea es empezar a poner el foco más en lo estrictamente musical, que es “mi terreno”, por así decirlo. Ahora sí, pasemos a lo que de verdad importa.

La propuesta de hoy está motivada por una historia personal. En estos días me atacó esa nostalgia de recordar momentos de mi adolescencia, específicamente de mi paso por la secundaria. Una etapa complicada en la que tode joven comienza una etapa de formación de identidad y cambios hormonales, la cosa sana. particularmente, una de las anécdotas que se me vino a la mente fue una “discusión” con un compañero sobre qué género era mejor, ¿la cumbia o el rock? Spoiler: el rock.

De mi parte, mis primeros acercamientos a la música fueron del lado del rock nacional de los ‘80. Mayoritariamente de la mano de Soda Stereo, ya que tuve la posibilidad de asistir a uno de sus conciertos de la gira “Me Verás Volver”, lo que fue un gran acontecimiento que definiría mis preferencias musicales. No les voy a mentir, en el año 2007 mi pandemia era Soda. A partir de ahí me fui abriendo a otros géneros, pero siempre con el rock como epicentro. Así fui incursionando el rock alternativo, el metal, todo lo que tenga guitarra distorsionada era de mi admiración. Particularmente, en la época que tuvo lugar esta anécdota, tenía la atención puesta en bandas que cantaban en inglés como Slipknot, The Rasmus, My Chemical Romance.

Aclaración: contrariamente a lo que algunas personas puedan llegar a estar pensando, no pertenecía a ninguna tribu urbana.

Por otro lado, estaba mi compañero de curso con su apego a la cumbia y el reggaetón. Al igual que la mayoría de nuestros pares, su celular estaba lleno de canciones de Daddy Yankee, Néstor en Bloque, Damas Gratis, entre otros del momento. Por aquel entonces, la cumbia y el rock no se llevaban demasiado bien.

La cuestión es que sólo bastó un comentario de cada parte para que nuestra ignorancia salga a la luz. El mío fue “la cumbia es siempre lo mismo. Ch chch ch chch ch (imitando el ritmo característico del estilo)”. El de él fue “el rock es siempre lo mismo. Todo guitarra y batería”. Fin de la cuestión. Uno en una punta, otro en la otra. Cada cual con su inamovible convicción de tener razón y de que un género era mejor que el otro. Creo que ambos pensamos “¿qué sabrá este de música?”. Y debo reconocer que yo sabía bastante poco. Casi nada. Sólo sabía escuchar y sabía lo que me gustaba escuchar. Al igual que mi compañero.

Me asombra mucho cómo las personas tenemos esa tendencia a adherir a cosas que consideramos buenas, lindas, atractivas, sin saber qué es lo que las hace ser así, que es lo que de verdad importa conocer. Con la música, al igual que tantas otras disciplinas, artísticas y de otra índole, pasa esto. Sabemos qué nos gusta, y lo sabemos muy bien. Pero verdaderamente, ¿sabemos qué está pasando que nos gusta tanto? Posiblemente, seas alguien que entiende del tema y sepas responder esta pregunta con algo más que un “me gusta cómo suena” o “suena lindo”. De lo contrario, tranqui. Voy a hacer lo posible por resumir algunas cuestiones que hacen a la música un arte maravilloso y que, cuando termines de leer y vayas a escuchar cualquier canción, puedas desmenuzarla y entender qué estás escuchando.

Partamos de los componentes que son la base fundamental: melodía, armonía y ritmo. En definitiva, la música es el arte que combina sonidos y silencios de forma organizada a través del tiempo. Esta definición estaría acabada sólo si tenemos en cuenta el fin de todo arte, que es producir algo en sus espectadores. Felicidad, angustia, miedo, suspenso, enojo, cualquier sentimiento que se nos ocurra.

Para lograrlo, las canciones se valen de determinadas melodías, acompañadas por determinadas armonías y regidas por un ritmo. ¿Qué es cada cosa?

La melodía es la voz del cantante, el solo de guitarra, el arreglo de piano, violín o saxo. Es el conjunto de notas que conforman la identidad de la canción. Por ejemplo, cuando cantamos el “Feliz cumpleaños” reproducimos su melodía. Lo mismo con el “Himno Nacional”, con el solo de “Jijiji” y la obra que te imagines. Es ese elemento de la canción que utilizamos cuando le decimos a alguien “che, ¿cómo se llama el tema ese que hace pam pampam?”. Una melodía será tanto más rica en tanto sea más sorpresiva. Es decir, que aparezca en un momento que no se espere, que realice saltos de notas inesperados y agradables, que genere cierto impacto dentro de la estructura de la canción. Esto desde un punto de vista más teórico. Porque lo cierto es que nuestro cerebro se queda más tranquilo cuando las cosas cuadran. “Si dos más dos diera tres” diría Chizzo. La melodía “que los cumplas feliz, que los cumplas feliz” nos suena, de alguna forma, satisfactorio porque sentimos que empieza y termina en un “lugar” (recordemos que son notas musicales) esperado. Cuando la melodía presenta alteraciones y nos da la sensación de que “no cierra” o no termina en el lugar que esperamos, sentimos que queda algo inconcluso. Con la armonía pasa algo parecido. Aunque es un buen recurso que permite romper con la “monotonía”, muchas veces estas alteraciones son las que hacen que la canción no sea bien recibida para todo el mundo. ¿Por qué? No lo sé. Se me ocurre que no todos los cerebros toleran de igual forma que las cosas no vayan como se espera.

La armonía es el modo en que se acompaña a una melodía. Retomando el ejemplo del “Feliz Cumpleaños”, generalmente, tenemos en mente su versión original. Una canción alegre, de ambiente festivo. El ambiente de felicidad es logrado por su armonización en un tono mayor. Sin embargo, existen otras versiones en que el “Feliz Cumpleaños” pierde toda su gracia para convertirse en una pieza tétrica, de suspenso. Estos son ejemplos de que una misma melodía puede transmitir distintas emociones según la armonía que la acompañe. En general, las armonías en tonos mayores denotan felicidad, como que todo está bien. Por su parte, las armonías en tonos menores son tristes, a veces iracundas. Aunque no siempre se cumpla esta regla. Muchas canciones de cumbia, por ejemplo, están armonizadas en tonos menores y pueden que no sean muy tristes que digamos, sino todo lo contrario. A fines introductorios, quedémonos con la idea de que tonos mayores, carita feliz; tonos menores, carita triste.

Para resumir, podemos decir que la armonía son los acordes que componen la canción.

Al igual que con las melodías, las armonías nos resultarán más fáciles de digerir en tanto y en cuanto nos den la sensación de que “inician y terminan” en algún lugar. Las alteraciones en las armonías, llamadas modulaciones, se traducen en cambios en el humor de la obra. De repente, esa canción super alegre que nos hacía estallar de felicidad se convirtió en lo más triste que escuchamos, o viceversa. El ejemplo más claro que se me ocurre en este momento es “Bohemian Rhapsody”, que presenta distintas armonizaciones según la parte de la canción que escuchemos. La música clásica explota este recurso a la enésima potencia. En parte, es esta sensación de inestabilidad la que le juega en contra a la hora de llegar a un público masivo. Por su lado, el pop, el reggaetón, el trap, la cumbia, en general, presentan armonizaciones más simples, lo que hace que sean géneros más “fáciles” de escuchar. Obviamente, hay casos y casos.

Por último, tenemos el ritmo. Este está asociado al modo en que “late” o “camina” una pieza. Los ritmos suelen ser una característica fundamental de los géneros. El rock, el folclore, el carnavalito, el candombe presentan sus propias fórmulas rítmicas. Los instrumentos percusivos, sobretodo la batería, cuando es el caso, suelen ser los responsables de marcar el ritmo de la canción. Está relacionado con el tempo de una canción, pero también determina el lugar que cada nota y/o acorde ocupa en la estructura general. Es el eje director para que los instrumentos trabajen de forma sincronizada y que nadie haga lo que quiera cuando quiera.

La música es un arte muy matemático.

Después de haber hecho este extremadamente breve repaso tengo que pedir disculpas. Simplifiqué lo más que pude la información para que sea lo más entendible posible para gente ajena a este universo. Todo lo comentado anteriormente no está completo sin hablar de escalas, intervalos, cuestiones teóricas complejas con las que podrías escribir mil columnas de cada una, y que considero que no son del interés de varias personas. Recomiendo profundizar en estos temas para entender mucho mejor a lo que voy. Por suerte, hay personajes que explican esto con mucho humor, ejemplos cotidianos y mucha paciencia como, por ejemplo, Jaime Altozano, Alvinsch o ShaunTrack. Todos ellos tienen su canal en YouTube, sus videos no superan los 15 minutos y son muy pedagógicos en sus performances.

Ahora bien. La riqueza en la música considero que va de la mano con el modo en que cada artista o banda combina melodía, armonía y ritmo. Visto de este modo, se puede advertir que cada obra musical posee sus cualidades que la pueden hacer interesante, independientemente de si el género musical no sea del agrado de uno. Y, también, se pueden reconocer las falencias en aquellos trabajos que corresponden a nuestro estilo o banda favorita. Lo malo dentro de lo bueno, y lo bueno dentro de lo malo.

Volviendo a la anécdota de la discusión con mi compañero de secundaria sobre rock vs cumbia, afortunadamente hoy lo veo de otra forma. Sigo sosteniendo que el rock está por encima de muchos otros estilos, la cumbia incluida. Encuentro más atractivas las formas en que se mezclan los sonidos y se estructuran las canciones en el rock (y sus derivados) que en la cumbia o ritmos más tropicales. Pero reconozco, también, que son lógicas distintas y que hay que saber entender esas lógicas para definir si algo es tan mejor que otra cosa. Insisto en que el gusto manda, pero tampoco hay que permitir que se convierta en un impedimento para disfrutar otras propuestas.

Llegamos al final. Espero que el recorrido haya sido de tu agrado y que puedas llevarte alguna reflexión de todo esto. Si en algo podemos estar de acuerdo es en que la música es un arte maravilloso. Disfrutemos de ella, respetando gustos y sabiendo apreciar lo bueno en lo que no es de nuestro agrado. Un abrazo grande y nos encontramos dentro de 15 días. ¡Salúd!

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