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Rey Garufa se adueñó de las Sierras

Skay 004

 “Es un noche especial, no te la vas a perder, toca el corazón de Patricio Rey”, resurgían los cánticos craneados para el rey de las 6 cuerdas, aunque no faltaron los que aluden al mítico grupo redondo. El panorama era una poesía, escalinatas llenas de fanáticos en la calle, todos esperando lo mismo: ver al flaco Skay.

Adentro desde temprano los peregrinos empezaron a colgar sus trapos, sobretodo en la baranda opuesta al gran escenario preparado para la presentación, algunos sentados, otros reservando su lugar en la valla, y unos pocos, acostados guardando su espacio en el Club Unión y Progreso que más tarde estaría colmado por primera vez en su historia.

Una hora despúes de la hora pautada se apagaron las luces, el lugar de encuentro reflejaba el sold-out al que aludían los organizadores. Entró Skay junto a sus cuatro Fakires, él bailando en una especie de ritual que duró poco, porque sin mediar palabra rompió el hielo con su gibson sg con palanca y chapon, y el público fue predecible: estalló.

“Si vos sos las ramas que miran al cielo, yo las raíces que a la tierra van”, arrancó con el tema homónimo a una carta del Tarot “Arcano XIV”. Para seguir pegado con “Arriba Telón”, tema que compartió protagonismo con un público que no paró de hacer pogo y cantar de principio a final.

El tercer lugar de la lista se reservó para uno de los soldaditos de batalla de la banda, “Oda a la sin nombre”. Sexto tema del disco debut como “solista en banda” como le gusta definir a su proyecto musical. “Siempre vi como solista al tipo que llama a los músicos ocasionalmente o cambia de banda y todo sigue sonando igual. Yo, si cambiara la banda, cambiaría el sonido” decía hace unos años en una entrevista el flaco.  Motivo de orgullo son sus «Fakires»: Oscar Reyna en la segunda guitarra, Claudio Quartero en bajo, Topo Espíndola en batería y Javier Lecumberry en teclados, todos ellos forman una comunión y disfrutan con una tranquilidad que agasaja los oidos . Por supuesto que esta banda tiene a alguien que no tiene nadie mas: Carmen «La Negra Poly» Castro.

Por primera vez durante el show, observó a su público y con las palabras justas dijo: “Vamos a ir desandando el Engranaje de Cristal”, y de esa manera se metió en su último disco publicado en 2016.El elegido fue “Egotrip”, un tema que parecía no estar en la lista por casualidad, un verdadero revés a la arrogancia.

Llegó el saludo “¡Buenas noches Tandil! Vamos a hacer otro tema del Engranaje de Cristal: El Equilibrista”, y así como si tuviera comunicación directa con los ángeles, se tocó la frente y miró al cielo.

Varios temas del último material conformaron el show que duró poco menos de dos horas: “En la fragua”, “Quisiera llevarte”, “Chico Bomba”, “La calle del limbo”.

Minutos después sonaron los acordes más esperados, y por más que mucha gente coincide en que no es el mejor tema de la discografía de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, Jijiji es «la» canción de ese público todavía fiel al grupo que se formó a los mediados de los 70, en La Plata. Como es costumbre se armaron ollas para el pogo y ninguno de los presentes pudo dejar los pies pegados al piso, la energía detuvo a todos en ese tiempo y lugar.

Instantes antes de tirar la púa a un público que lo miraba hipnotizado por el fuego, Skay hizo un parate de 10 minutos para despojar un poco de euforia a la gente que había dejado sus almas libres para que se sincronicen con la música.

La apertura de la segunda parte vino con “Flores Secas”, uno de los viejitos de la noche que pertenece a Talisman (2004). Momento que aprovechó para hacer un repaso por La Luna Hueca(2013) y La Marca de Caín (2007) que incluyó una reversión acelerada e inolvidable de “El Fantasma del 5to piso”.

Y otra vez, sonaron esos acordes que hablan y se prendieron todos los celulares y cámaras en modo REC. “El Pibe de los Astilleros” hizo delirar a esos cuerpos que se hicieron parte de una ola humana. Y el flaco terminó con las palabras que nadie quería escuchar: “nos estamos yendo, gracias por venir”. Y se repitió ese ritual rockero de irse para volver.

Cinco minutos de “Ole, ole, ole, flaco, flaco…” bastaron para que vuelvan los fakires que le volaron la cabeza a más de tres mil personas en Tandil. Ya el ritual llegaba a su fin, el regreso vino en manos de un sólo del ex redondo, que siguió al ritmo de “Quisiera llevarte”, “Lejos de casa” y “El sueño del jinete” que ofició de cierre de la rica lista que presentó la banda.

Nada que sumar, nada que agregar, el estilo y la música que marcó a fuego a masas del rock nacional estuvo anoche en Tandil y se apropió de muchos corazones más.

 

Crónica: Yoselí Ayalef

Ph: Nico Cortina

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