El reloj apenas pasaba las 8 de la tarde/noche del viernes 28 de septiembre. Las calles de San Telmo lucían como de costumbre: el empedrado característico, idolatrado por los visitantes y odiado a los conductores, los pequeños faroles que alumbran las esquinas, acompañados de las grandes marquesinas de los bares reubicados conjuntamente, provocando una plaga comercial de cervezas artesanales y papas fritas.
En la calle Perú, de un lado de la acera, los cadáveres de lata inundaban las baldosas; mientras que del otro lado, la cola humana esperando ingresar a Museum doblaba la esquina, pasando por escándalo los 500 o 600 metros de longitud. Adentro, mientras las cervezas cotizaban con una inflación mayor a la media, y el humo se convertía en un acompañante más, la banda Rivales (siguiendo la línea acústica de la jornada: sólo guitarra y voz) salió al escenario para amenizar la espera del plato principal. “Anormal”, “Buscando un poco de alegría”, “Es tarde”, “Nos pensar en nada” y “Todo lo que quiero” fueron los elegidos para que el aplauso del público no tarde en llegar.
Molotov, con poco más de 20 años de carrera, ha sabido sembrar y cosechar el amor y el fanatismo de los argentinos, que se hace presente en cada presentación de la banda. El auditorio lo mostraba: Era poco el lugar que quedaba al descubierto. Cerca de las 22 hs, entre cantitos dedicados al actual presidente y su progenitora, “Micky” Huidobro, Ismael “Tito” Fuentes, Randy Ebright y Paco Ayala irrumpieron en el escenario con “Here we kum” para dar comienzo a un show que comenzó con complicaciones técnicas de sonido. Con los protagonistas sentados, formando un rombo perfecto, junto al ensamble de los instrumentos invitados (percusión, teclado, y otra guitarra). La siguieron “Amateur” y “Noko”. “Les agradecemos por estar acá porque entendemos la situación económica del país”, dijo Micky mientras comenzaban a sonar los acordes de “Hit me”. Que el show se haya vendido como unplugged, no significó una reversión de las canciones, sino un pequeño cambio en el volumen implementado, aunque, en esencia, Molotov siempre suena con poder ya característico. “Dreamers”, “Oleré y oleré y oleré el uhu” y “Lagunas mentales” fueron las canciones encargadas de presentar la era más madura, comprometida y “responsable” de la banda. Esto muestra por qué no es raro que el pañuelo verde de la “Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito” aun cuando en sus comienzos la banda tenía un mensaje diferido con respecto a la mujer. El show siguió con “Parasito” y una versión rockabilly “Gimme tha power”, que para aquellos que ya habían estado chusmeando “El desconecte” no era una sorpresa la lista de canciones. El cuarteto yankee/mexicano, que se hizo lugar en la historia del rock en español gracias a sus letras con un alto contenido de sátira política y crítica social (sobre todo a la cultura consumista y capitalista estadounidense), siguió su incursión por Museum mostrando el costado contestatario con “DDT”, “Frijolero”, “Voto latino”, “Dance and dense denso” que bien acompañó el público con un pogo acorde, y “Matate tete”. Hacía el final del show, “Cerdo” y “Marciano (I turned into a Martian)” llenaron de calor el ambiente. Cuando parecía que todo terminaría, la coreada “Puto” hizo por olvidar por unos minutos la concepción de la utilización del término como insulto. Aunque más de una vez la banda dejó claro que no está escrita con la idea discriminativa y que forma parte de la esencia de la banda (en medio de la canción original, grabada en “¿Dónde jugarán las niñas?” se escucha como se dedican la canción a ellos mismos), la canción ha tenido sus detractores. Eso no se dio lugar entre los presentes que saltaron y agitaron sus manos sin parar. Pero todavía había más: Como pájaro que sale de la galera, la banda entonó “Rastamandita” que, como suele ocurrir en todo show de la banda, aparecieron las chicas arriba del escenario pero con un aliciente que reivindica la actualidad de la banda: lejos de aquel erotismo mostrado en otras oportunidades, el revoleo de pañuelos verdes se convirtió en el centro de escena. A pocos minutos de que finalizara el día, Molotov ocupó por completo el escenario para saludar a un auditorio repleto que los aplaudía sin parar y que mostraba que, como pasa cada vez que la banda pisa suelo argentino, tiene un público fiel que los espera de nuevo.
Texto: Martín Parolari.
Fotos: Nico Cortina.









