HACIA EL ÚLTIMO ESCALÓN
El freestyle tiene larga data, pero sólo en la última década ha ganado reconocimiento masivo. En el camino hacia la gloria ha ganado profesionalismo, pero ha perdido la esencia de barrio y, últimamente, competidores de peso. ¿Al freestyle le queda algo de innovador? ¿O ya tocó su techo e inició su descenso?

Por: Gonzalo Cabri
10 de abril de 2011. Dtoke enfrenta a Kodigo en la final del Halabalusa, la competencia de freestyle que prendió mecha a principios del 2010 y que reúne una importante lista de raperos de todo el conurbano bonaerense. Las primeras señales de las batallas underground se generaban en las estaciones de trenes de Claypole, Caseros y demás. En aquel entonces, cuando el rap todavía era cosa para unos pocos, se trataba de una disciplina genuina de los “pibes de barrio”. No había cámaras, no había patrocinio, ni tampoco mucho flow. Lo importante era rimar y rematar la oración con agresividad o humor con el fin de humillar al contrincante.

Dtoke y Kodigo, dos referentes en la cultura del rap en Argentina, son como el Boca vs River en el fútbol. Pero en aquel domingo frío de abril de 2011 no daban la imagen de hoy en día. Eran sólo dos pibes que improvisaban (y muy bien para la época) con inocencia y amor a la disciplina. A medida que estos raperos se fueron metiendo en cosas más profesionales se dieron cuenta que el amor sólo no alcanza, y que tenían que construirse una imagen propia que los defina ante la gran oferta de raperos mundiales a los que se enfrentarían. Aquella final la ganaría Dtoke. Para quienes no están muy metidos en el tema, Kodigo siempre fue considerado un bicho raro, pedante y codicioso. Cualidades que siempre opacaron una verdad tan innegable como que el cielo es celeste: es de los mejores raperos, si no el mejor, que parió Argentina.
Lo que hoy en día se considera un buen freestyler, Kodigo lo viene demostrando desde hace más de 10 años atrás. Lamentablemente, antes importaban otras cosas. Por su parte, Dtoke tenía en su poder muy buenas terminaciones (punchlines) que se clavaban como un puñal en el pecho del rival. Un estilo sencillo, directo, con el toque justo para humillar al rival y contestar cualquier agresión recibida. Sumado a la imagen de pibe de barrio, humilde y bien nacional. Kodigo era más asociado a las corrientes norteamericanas que ya venían con una historia extremadamente rica y que experimentaba cosas que en territorio argentino ni se llegaba a soñar.

Honestamente, desconozco si había eventos de esta índole antes del gran boom que pegó internet a fines de los 2000 y principios del 2010. Sí, me podrán decir: “!ESTABA LA REDBULL, ANIMAL¡”. Y claro, la Red Bull Batalla de los Gallos se viene llevando a cabo desde el año 2005, cuya edición ganaría el argentino Frescolate dando cátedra del buen freestyle. Pero eso es otra cosa. Primero, que se trata de un evento patrocinado por la bebida de energizantes. Segundo, porque no tiene que ver con Argentina específicamente. Tercero, porque es otra cosa. Punto. A lo que vamos a apuntar en esta oportunidad es al avance del freestyle argentino. Cómo pasó de ser una disciplina de barrio a ser pionero en la industria de la música y de internet. ¿Qué fue pasando en el medio? Y lo más importante, ¿qué le queda por hacer de innovador.
En el año 2012 nace la competencia que significó un quiebre en la historia del freestyle autóctono. Con una concurrencia de público masiva y una considerable viralización entre los internautas, El Quinto Escalón fue el empujón definitivo del rap en Argentina y gran parte de Latinoamérica. Su nombre deriva de la escalera del Parque Rivadavia, en Caballito, donde comenzó a desarrollarse la competencia, la cual constaba de cinco escalones. Los vecinos sabían que todos los domingos el parque era apropiado por los jóvenes durante gran parte del día e incluso por la noche. La competencia fue creciendo por su innovación en el formato de las batallas y por presentar un gran nivel de competidores. Con 200 inscriptos por fecha, los encuentros se dividían en 1 vs 1, 2 vs 2 y 3 vs 3. Los participantes se batían en contiendas donde no existía la piedad.

El salto de calidad del freestyle se terminó de asentar en la competencia de los escalones. El uso de métricas, los intercambios de flow, la agresividad para rematar rimas, la inteligencia de construir estructuras increíbles y el uso del doble tempo se convirtieron en recursos muy utilizados por todos los MC’s que participaban. Nacieron estrellas tales como Duki, el malabarista del flow; Ecko, con sus estructuras de concreto armado y un flow único en su estilo; MKS y su hermano WOLF, futboleros y fanáticos del animé, pasiones que sabían imprimir de manera muy inteligente en sus rimas; algunos niños como Trueno, Dani, Replik y Luchito, unos traviesos infantes que le generaban un dolor de cabeza a muchos grandes del momento; Lit Killah con su doble tempo infernal y sus punchlines creativos y muy agresivos. Entre tantos otros, la calidad de El Quinto Escalón le valió reconocimiento físico, llegando a contar con más de 3000 espectadores, y digital con millones de vistas en YouTube.
Semejante crecimiento obligó a que el evento se comience a profesionalizar. Así fue que de las escaleras del parque se pasó a la instalación de un escenario vallado y con seguridad alrededor. Llegó un punto en que los competidores lograron tal popularidad entre los jóvenes que muchas veces han salido corriendo para escapar a las avalanchas de fanáticos que se les abalanzaban. Finalmente, en el año 2017 El Quinto Escalón bajaría las persianas con un evento de despedida denominado “El Quinto Escalón: El Final”. Un 11 de noviembre, el Microestadio Malvinas Argentinas se vería colmado de público para presenciar el final épico de la competencia de freestyle más popular de la historia. ¿Quién salió vencedor en aquella fecha? Nada más y nada menos que Dtoke.

La decisión de culminar con “el quinto” tuvo varias aristas. La más sostenida por sus organizadores, Alejo y Muphasa, es la de diferencias en cuanto a la visión del futuro del proyecto. Seguramente que las hay, pero personalmente sumaría otros puntos. El cansancio de tener que organizar semejante movida cada fin de semana, el surgimiento de otros proyectos personales de cada organizador y, sin lugar a dudas, hubo un momento en que la situación sobrepasó las capacidades de todos y El Quinto Escalón se volvió, en cierto modo, indomable. Lo que se puede rescatar de tan maravillosa época es la experiencia adquirida por cada freestyler, la energía que el público demostraba en cada fecha y la tranquilidad de que el rap argentino estaba bien parado y no hacía otra cosa que crecer.
Ya sin El Quinto Escalón, la movida de las batallas presentaba un vacío que muchos se preguntaban cómo pensaba ser llenado. Varios de los competidores más reconocidos se encontraban con sus proyectos musicales ya avanzados y gozaban de un cómodo éxito en la industria. Otros, simplemente, desaparecieron del mapa. ¿Viste que en algunas películas está esa escena en que todo es blanco y negro, vacío y desolación? Bueno, así era la imagen del freestyle. Obvio que existían otras alternativas como la RedBull, A Cara de Perro, God Level, etc. Competencias de renombre pero que no contaban con esa cuota de barrio que caracterizó a “el quinto”.
Evidentemente, todo había cambiado con el fallecimiento de El Quinto Escalón.
Sin embargo, no pasaría mucho tiempo para ver a las grandes figuras de la competencia del Parque Rivadavia destrozando el mic con sus rimas filosas y entablando memorables encuentros arriba del escenario. En el año 2018 se realiza, por primera vez en Argentina, el evento Freestyle Master Series, más conocido como “la FMS”.
Este formato de competencia nace en España en el año 2017 y es la clara demostración de que el freestyle seguía vivo, pero con otros tintes. En nuestro país, la primera edición del torneo, organizado por Urban Roosters, significó un alivio para los amantes del rap que necesitaban de una competencia en formato torneo anual para disfrutar cada fin de semana. La FMS, un poco, cumplió con la demanda, siendo el torneo actual más importante y contando con franquicias en España, Argentina, Chile, México, Perú (con apenas 2 temporadas es la más nueva) y un formato que agrupa a los mejores 4 posicionados en cada liga denominado FMS Internacional.

En cuanto a mi consideración, la FMS terminó por arruinar lo genuino del freestyle. A los vestigios de la industrialización de la disciplina se le terminó por sumar un formato que tiene más de programa de televisión que de competencia barrial. Y lo que me parece mucho peor es que el resto de los torneos empiezan a ir por la misma dirección. Basta con ver la última edición de RedBull Batalla de los Gallos para comprobarlo. Si bien hay rap y del mejor de todos los tiempos, hay mucho más de industria y ventas que terminan siendo un motivo más por el cual se vuelve un poco tedioso ponerse a ver una batalla. A todo el profesionalismo de los eventos y de los competidores se le suma el negocio. Y cuando algo se vuelve un negocio va perdiendo magia y pasión.
Lógicamente, al ir ganando adeptos, la FMS necesitó de ideas que innoven cada temporada para ofrecer al espectador/consumidor algo nuevo cada año. Y esto, viéndolo con perspectiva de mercado es lo que hay que hacer. Las riñas presentaron cada vez más formatos a los que debían adecuarse los participantes, lo que permitió, por un lado, ver qué tan rápido funcionaba la cabeza de cada uno para construir sus rimas; por el otro, significó el asesinato del estilo libre. Los que venimos siguiendo la disciplina desde hace tiempo sabemos bien que esto no es un negocio, y que los números son una contaminación producto de la masividad que adquirieron las batallas de rap. Hasta los mismos competidores lo saben y algunos decidieron dar un paso al costado para no seguir alimentando a la bestia. Wos, Dani y Replik en Argentina son de las pérdidas que más me dolieron. Pibes que nacieron de la plaza viéndose obligados por sus principios a abandonar las batallas. Como bien dijo Replik sobre la FMS: “acá supuestamente hay rap y el rap no tiene formato”.

Ya estamos en medio de la tercera temporada de la FMS Argentina, y se vienen presentando algunos detalles que hacen que el formato presente puntos flojos. A la falta de público alentando a cada competidor y festejando fervientemente cada punchline, se le han sumado nuevas categorías que dirigen la dinámica de las batallas, convirtiendo al show en algo monótono y predecible. Quedan viejos raperos que siguen dando cátedra de lo que es el freestyle como Papo, Dtoke, Nacho, MKS, WOLF, etc. Y nuevas caras que aportan un poco de aire fresco a la movida como Stuart (aunque ya lleva algunas temporadas, el rosarino fue una sorpresa muy grata en el movimiento), Mecha, Sub (el mendocino está en la misma situación que Stuart), entre otros.
Pasó poco más de 10 años desde el surgimiento del Halabalusa, lo que significó el estallido de batallas en la calle con buena aceptación en internet. En todo este tiempo el rap no hizo más que abrirse caminos y conquistar el interés de un público cada vez más grande y heterogéneo. Personas adultas y jóvenes, de todos los géneros y clases sociales disfrutan de la disciplina. Muchos sueños infantiles consisten en conquistar al mundo con rimas e ideas que cambien el mundo. Pero hay un monstruo grande en nuestra sociedad que termina por devorar todo lo que encuentra a su paso: el mercado.

Hoy en día, las competencias de freestyle son un muy buen negocio con grandes ganancias y generadoras de trabajo para muchas personas. Pero está perdiendo su esencia con cada sponsor firmado. Si queda algo dando vueltas relacionado a la humildad de rapear en la plaza con un beatbox de fondo, es sólo el recuerdo de esto. ¿Qué será del futuro? Lamento ser pesimista, pero de seguir así no veo muchas luces en el camino. El monstruo es grande y se alimenta de sueños, pasiones y patrocinadores. Ojalá se pueda romper con esta tendencia y encontrar el modo de que el freestyle vuelva a ser cosa de barrio. De pibes y pibas rapeando en la calle cada fin de semana, donde la gloria no se alcanza con miles de pesos en la cuenta bancaria y tu foto en gigantografías, sino con el orgullo de llegar el domingo a intercambiar barras con gente de otras zonas que verdaderamente aman el rap. Larga vida al freestyle.
