December 16, 2018

Seis años después de su récord con “The Wall Live”, Roger Waters volvió a deslumbrar a una multitud en La Plata

El ex Pink Floyd desembarcó en el Estadio Ciudad de La Plata con un espectáculo lleno de clásicos y de fuerte impronta política, enmarcado en una puesta monumental. Además, homenajeó a las “madres de Malvinas” y recordó los crímenes de la última dictadura militar.

El sonido de la playa se apodera del Ciudad de La Plata. Son las 21 horas. Una chica mira el mar. Espera. El plan ideado por Roger Waters para cautivar a las masas con su cóctel de bastante de lo mejor de Pink Floyd y algo de su producción solista está nuevamente en marcha.

La consigna es Us + Them. A las 21.11, la chica sigue mirando el mar. Sigue esperando. Como la multitud que colma el estadio. Espera… Cómo el mar. Y la expectativa, crece.

El cielo enrojece. Estallan los relojes. Breathe es un soplo de aire de los 70. Apenas un oasis antes de que la maquinaria de One Of These Days se ponga en marcha.

 Y ahora está Waters. Camina. Va hasta un extremo del escenario. Hay carteles de advertencia en la enorme, inmensa pantalla, que reproduce al jefe de la banda en tamaño sobrenatural, mientras somete al Único a agudos imposibles.

Ahora es tiempo de Time. Más relojes. Más y más, que desembocan en The Great Gig In the Sky. Si es qué hay un tema en el que es imposible despegarse del original, es éste. Las chicas de Lucius lo intentan, a fuerza de armonías y un despliegue vocal que impacta. Comparar es vicio.

Bienvenidos a Welcome to the Machine. Y a las animaciones en tamaño gigante. Sonido hecho en los 70. Sonido que suena a nuevo. En la pantalla ahora preside él. Que camina, se acerca al borde del escenario y levanta sus brazos al cielo. Frente a Waters, una ovación. Son las 21.51. El líder está de regreso.

Todo Waters. La figura del ex Pink Floyd concentra la atención desde el escenario y la inmensa pantalla que cruza el estadio Unico de La Plata de un lado al otro. (Martín Bonetto)

Y cómo todo está bajo control, es hora de los “estrenos”. Tres al hilo de Is This the Life We Really Want?Deja VuThe Last Refugee y Picture That. El tema está ahí, en esa playa que recibe cuerpos. A veces vivos. A veces, no.

Wish You Were se convierte en un coro de miles, y es el preludio para Another Brick in the Wallcon un coro de chicos de Buenos Airescantando que no necesitan educación, todos a la par, ordenados y levantando los puños y bajándolos, a la vez.

El hit del verano suena en el frío primaveral. Pero dura poco. Mientras, la pantalla indica a quienes -o contra quienes- hay que resistir. Algunos, con foto incluida. No; MM no aparece en los créditos. Y el público aplaude con tibieza algunos blancos a los que apunta la lista que continuará por unos minutos más.

La Usina que ilustra la tapa de Animals sale de la tierra y asciende hasta extender sus chimeneas hasta lo más alto del Único. El humo comienza a salir y Dogs abre el fragmento decididamente más político del espectáculo. Que de eso se trata.

Dave Kilminster cierra el tema con un solo demoledor y le abre la puerta a los chanchos. Uno de ellos, que no es otro que Waters, levanta un cartel. “Pigs rule the world”, dice. Enseguida, ya sin la máscara, levanta otro: “Fuck the pigs”. Y la gente en el estadio estalla.

ROGER WATERS EN EL ESTADIO UNICO. FOTO MARTIN BONETTO

La hora de los cerdos comienza. El preferido está en pantalla y se llama Donald Trump. Desnudo, con los labios pintados, su micropene al aire, los pechos descubiertos. Mientras el Único es sobrevolado por un chancho que pide que seamos humanos, la banda corona una versión fantástica de Pigs, y la pantalla sentencia: “Trump es un cerdo”.

Son las 23.12. Clink, caja. El sonido anuncia que Money comienza. Pero no termina como siempre. “Nadie gana en tu mundo”, dice el pantallazo que interviene el hit. Y el saxo descarga ese solo que sabemos todos. Estamos en el Dark Side of the Moon. Por eso tiene más que sentido que sea Us and Them lo que sigue. Una canción maravillosa, que suena maravillosamente bien en su versión 2018.

Después, vendrán Brain Damage y Eclipse; pero no está fuera de lugar que en el medio Roger esté ensayando una especie de continuidad con la bastante reciente Smell the Roses. En todo caso, establece una conexión entre “su” obra anterior, y la actual. Algo asó como que el Dark Side es mío mío mío, y que se note.

Mención aparte para el efecto lumínico que acompaña -y enmarca- el bloque Brain Damage/Eclipse, que combina una pirámide de lasers con haces de luces coloridos que la atraviesan y una esfera plateada que se desplaza por el aire. Todo muy Pink Floyd; todo muy Waters. Como lo que aún está por venir.

Es que el hombre, con un celular en mano a modo de ayuda memoria, desarrolla una suerte de discurso que encuentra su punto de fusión total con el auditorio en su especial dedicatoria a “las madres de Malvinas”. Con el poncho que recibió de una de ellas como regalo, Waters destaca los 102 cuerpos de ex combatientes argentinos ya identificados, y resalta que aún hay trabajo por hacer. Y que se hará.

Pero hay más. Hay una advertencia contra el olvido de los crímenes cometidos por la última dictadura militar, y a falta de un León Gieco en carne y hueso, Waters recurre a la tecnología para hacer escuchar, en un gesto insólito e inédito, la primera estrofa de La memoria, el tema del cantautor local nacido en Cañada Rosquín que sintetiza aquello que no debemos olvidar. No, si elegimos no repetir.

“Esto es para las madres; para mi madre”, dice, y sale Mother, de The Wallantes del cierre definitivo, con Comfortably Numb, cuyo solo final, de tan perfecto, Kilminster respeta con devoción y ejecuta con maestría. Entonces sí, un fogonazo y varias explosiones anuncian que todo terminó. Es la medianoche. Hora de partir.

 

EN LA PREVIA, RECLAMO MAPUCHE Y MENCIONES A SANTIAGO MALDONADO

Un comienzo picante en la ciudad de las diagonales con el show de los mapuches Puel Kona. Tibios aplausos del público para el combo del pueblo originario que de repente pela distorsión y la gente, entre la ansiedad y el desconcierto, escucha el agradecimiento de su líder “al señor Roger Waters que nos haya invitado a estar acá”.

Su propuesta ska reggae choca de frente con su impronta autóctona, parte de instrumentos folclóricos y discurso conservacionista. “En nombre de toda esa gente pido que cuidemos la naturaleza, el agua, basta de glifosato, minería. La naturaleza necesita que la cuidemos, que dejemos de destruirla: es urgente”.

Lo que avanzaba como un show tranquilo y sin estridencias muta a un fuerte discurso y bajada de línea política. “Pueblos y hermanos acérquense a su origen, no renieguen de sus origenes. Se dicen muchas cosas del pueblo mapuche. No queremos más muertos ni presos. Acá no estamos para pelear. Seguimos exigiendo justicia por Santiago Maldonado” mientras los aplausos se cruzan con algunos chiflidos.

Para el cierre de su show de poco más de media hora su lírica atraviesa a cualquier desprevenido: “El problema no somos nosotros, el problema es de Occidente y su capitalismo. El pueblo mapuche vive, la lucha sigue, sigue. No somos terroristas“, fue el cierre entre aplausos y algunos tibios abucheos.

La actitud contestataria seguiría con Waters.

Fuente: Clarín.

Fotos: Martín Bonetto.

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