January 23, 2019

No Te Va Gustar “cerró la grieta” en el Personal Fest

Con homenaje a Los Redondos y a Soda Stereo, los uruguayos fueron el número principal de la segunda jornada de un festival que apostó a la diversidad de propuestas sin demasiado concepto.

Hay grillas de festivales guiadas por algún eje conceptual más o menos explícito, eventos orientados al público millennial o volcados a la nostalgia con headliners del rock clásico o especializados en nueva electrónica o netamente adolescentes o lo que sea. El Personal Fest, en cambio, funcionó como una especie de tienda departamental en la que cada uno iba a llevarse algo en particular y, si acaso terminaba tentándose, alguna otra cosa. Especialmente la segunda jornada, que entre sus números principales tuvo a las guitarras rabiosas de The Strypes, el pop ensoñado y lúdico de Mystery Jets, el hip hop latino y fumón de Cypress Hill, la sonrisa permanente para jovencitos de The Kooks y -sin solución de continuidad- el rock rutero con tintes reggae de No Te Va Gustar.

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Dos horas duró el set de los uruguayos, que ganaron por robo el campeonato de remeras y convirtieron al resto del line up en “esas bandas que hay que ver antes de que toque NTVG”. Su ortodoxia en esa especie de “reggae meets Tom Petty” les suele jugar en contra y más aún en sets extendidos, pero cuando logran salirse de su propio corral llegan a lugares intensos, como en “Viajando sin espada” (con un rasgueo country y sus armonías vocales), en el reciente estreno “Prendido fuego” (que también arranca con un pie en la música campirana para luego mutar en ranchera con bronces) o en ese hermoso bolero-rock llamado “Paranoia” en el que citan a “Como le digo” de Rodrigo. La sorpresa de la noche fue un cover respetuoso (sobre el final unos arreglos de vientos metieron el elemento discordante) de “Cuando pase el temblor” de Soda Stereo, convirtiendo así a Gustavo Cerati en el gran homenajeado del festival (el sábado Andrés Calamaro había tocado un fragmento de “De música ligera”). Los Redondos también tuvieron su mención clásica con “Todo un palo” en “Te voy a llegar” y, sobre el final, una dedicatoria a los trabajadores de Rock & Pop (radio de Fenix, la misma empresa que organizó el festival).

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Antes que ellos, The Kooks habían ofrecido un set excedido en la homogeneidad, estáticos en su pop rock de guitarras diseñado para entretener. Su misión es mantener al oyente en movimiento leve, bailando con moderación, tarareando, sonriendo sin excesos. Como con los uruguayos, sus mejores momentos son aquellos en los que se corren del eje, como en “Backstabber” y su pulso reggae o en el tibio funk de “Around Town”. Una letra los define: “Bueno, podemos establecernos/ empezar una familia/ porque sos mi mejor amiga/ y sos tan buena conmigo”, el estribillo de “Westside”. Así de amables son.

 

Cypress Hill llenó de graves el atardecer, con un maravilloso “weed medley” de canciones fumonas (“Roll It Up, Light It Up, Smoke It Up”, “Dr. Greenthumb”) y un solo de bandejas y percusión en plan festejo por sus 25 años de carrera. Mientras, en el otro escenario, Jack Flanagan -bajista de Mystery Jets- se dirigía al campo VIP semivacío y preguntaba “¿cómo anda esa gente rica de por ahí?”. The Strypes, en tanto, demostraban haber mamado a los clásicos tanto como a los Arctic Monkeys. Los números nacionales (Los Brujos, Marilina Bertoldi) y los valvulares Stone Giant vieron nutrirse la multitud desde el tablado, en horas de la tarde. Y así pasó un festival paradójico con ofertas diversas que, a su vez, se encerraban en su propia propuesta.

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