La diversidad musical se adueño de la tercera edición del Festival Nuestro

Las Pastillas del Abuelo y Las Pelotas fueron dos de los platos fuertes de la maratónica jornada que agrupó a una veintena de propuestas, entre solistas y bandas, lecturas y shows de stand up, sobre los tres escenarios de la tercera edición del festival, que se realizó en el predio de Tecnópolis.

 Las Pastillas del Abuelo y Las Pelotas fueron dos de los platos fuertes de la maratónica jornada musical que agrupó a una veintena de propuestas entre solistas y bandas, lecturas y shows de stand up, sobre los tres escenarios de la tercera edición de Festival Nuestro, que se realizó anoche en el predio de Tecnópolis y que tuvo a Ricardo Iorio junto al Chango Spasiuk y al reggae de Nonpalidece como número final.

Además de los escenarios, el encuentro proveyó un espacio matero, otro de fogón, un patio de comidas y un sector para juegos; pero para llegar hasta allí había que atravesar el acceso peatonal que se hallaba fuertemente custodiado por gendarmes, situación que le imprimía un aspecto de zona militarizada.

Las Pastillas del Abuelo, que comandan “Piti” Fernández en voz y Diego “Bochi” Bozzalla en guitarra y coros, y completan Alejandro Mondelo en sintetizador y teclados, Joel Barbeito en saxo y coros, y a Santiago Bogisich en bajo, conquistó a unas 15.000 personas en un recital de dos horas y veinticinco canciones con las que visitó su carrera.

Si hay algo de este quinteto que sorprende, es cómo sus fieles y jóvenes seguidores fueron acompañando el proceso de la banda a lo largo de sus quince años de trayectoria, su reinvención disco tras disco en pos de la búsqueda de su identidad musical, y cómo fueron sumando adeptos de manera exponencial.

La gente que había recorrido el predio durante la tarde -y que en algunas ocasiones se había convertido en multitud frente a un escenario en particular- se convocó minutos antes de las 21, aún cuando El Kuelgue estaba tocando, en el escenario que iba a gobernar algún tiempo después Las Pastillas del Abuelo.

La marea de gente empezó a asomar sus banderas, una con la caricatura de Diego Maradona, otras con insignias de las ciudades, algunas de Uruguay que también le habían hecho el aguante a Cuarteto de Nos (se había presentado cuatro horas antes), un par de Argentina y una en particular, con la leyenda “El rock no mata”, que estuvo presente todo el día.

Esos fueron algunos de los trapos que se dejaron ver antes de que una bandera gigante de Argentina con el nombre de la banda se pasease por la cabeza de la gran mayoría de las personas que estaban disfrutando del recital del quinteto, cuyo cantante y compositor anunció recientemente un proyecto solista.

Previamente y sobre el mismo escenario había tenido lugar el recital de Las Pelotas, que demostró qué debe tener una canción para que se cuele en los huesos de tantas personas diferentes y provoque -o eso pareció- la misma sensación. Así fue “Ya no estás”, tema que Germán Daffunchio le canta a Alejandro “Bocha” Sokol aunque también lo recuerde con “Víctimas del cielo”.

Lo mismo es lo que se genera con “Como una estrella”, una canción que vuela alto y dedica a su hermano o “Hasta el fondo del río”, ambos incluidos en su último álbum “Brindando por nada”, lanzado el año pasado. Porque si hay algo que una composición debe tener para que atraviese transversalmente al público, es sentimiento y Las Pelotas tiene ese condimento de sobra, sólo basta con consultar la discografía de más de una veintena de años.

Más temprano, a las 18, fue el turno del Chango Spasiuk. Si bien el eslogan del encuentro destacaba “Un festival distinto – Una experiencia de rock”, la grilla de esta tercera entrega tuvo entre sus animadores al compositor y acordeonista misionero, que decidió desafiar una vez más su tradicional paleta de sonidos, algo que ya había plasmado en su más reciente trabajo “Otras músicas”.

De este modo y en una atmósfera poco familiar, el músico reconfirmó -como expresó en entrevista concedida a Télam en diciembre pasado- que lo único que da por sentado es la búsqueda musical, así como también lo hizo Raly Barrionuevo tres años atrás en Cosquín Rock.

El chamamecero apareció tras la presentación de Bersuit Vergarabat y mucha gente se acercó a su espacio, algunos por curiosidad mientras que otros esperaban con ansias.

Ahí estaba, entonces, el Chango con su formación, entre estampas de Metallica, Callejeros, Las Pastillas, Misfits, Los Gardelitos, Ska-p y varios sonidos más, tocando sin sonido “Chamamé crudo”. Los problemas técnicos habían acosado más temprano también a Boom Boom Kid.

Esa primera canción del acordeonista fue abrazada por las palmas de todas las personas que eligieron ver qué tenía para ofrecer. Y parece haber sorprendido.

El primer invitado fue Baltasar Comotto, con quien bajó a la tierra melodías de Spinetta y Hendrix, y luego invitó a Ricardo Iorio, el “Yupanqui urbano”, como lo definió. Enseguida, la gente que andaba merodeando por los alrededores se agolpó frente al escenario, y la gran mayoría optó por mirar a través de su celular el encuentro que se produjo ya entrada la noche. Así pasaron “Río Paraná” y “Sé vos”, entre flashes, gente agarrándose la cabeza y coros.

El paisaje del festival que desde el mediodía dejó en evidencia la diversidad de gustos y la complicación a la que se somete la gente cada vez que intenta tomarse un autorretrato, tuvo con la Bersuit Vergarabat su cuota de denuncia política.

Algunas de las canciones que demostraron nuevamente no perder vigencia y que -por el contrario y reafirmado por los espectadores- actualizaron sus significaciones fueron “Sr. Cobranza”, a casi dos décadas de su lanzamiento; la versión de “El tiempo no para”, que dieron a conocer en su álbum debut de 1992; y “El viejo de arriba”, de “Hijos del culo”, álbum que publicaron en 2000.

Foto de archivo:
PH: Nicolas Cortina
Fuente:Telam

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