¡Gracias 2020! (por terminar)

Se caía de maduro que este ciclo de columnas iba a terminar con una especie de balance del peor año de los últimos años. Recuerdos, disculpas y agradecimientos a los grandes acontecimientos que nos ayudaron a resistir la cuarentena.

 

 

Por: Gonzalo Cabri

@GonzaCabri

 

¡Hola! ¿Cómo estás? Espero que muy bien. Seguramente feliz de que este año asqueroso, al fin, llegue a su desenlace. Probablemente, como muchas personas, el balance que hagas de estos 366 días (encima bisiesto el maldito) se incline más hacia el lado negativo. Mucho no se puede pedir, solamente que se termine de una vez.
Con la vacuna ya puesta en marcha, todo parece indicar que pasamos la etapa más jodida de todo. Y no, no hablo de ningún sistema de fases ni nada por el estilo. Estimo que el 2021 va a ser mucho mejor. Por las dudas, toquemos madera.

No creo que este año sea merecedor de despedida, pero hay que ser justos y reconocer que hubo algunas perlitas que le dieron pinceladas de color a un cuadro perdido desde el primer trazo. Tan malo fue que, en el último tramo, empezamos a disfrutar de las pequeñas cosas y casi que nos hacemos la ilusión de que fue bueno. Pero no nos dejemos engañar. Si pensamos objetivamente, fueron más las malas que las buenas. Por goleada. Si hay algo peor que esto no quiero saberlo.

Pero dejemos de lado todas las cosas negativas y concentremos nuestras energías en lo (poco) bueno que pasó. Hay cosas lindas para rescatar y eso te voy a compartir en esta última columna del año. Mis disculpas, mis despedidas y mi agradecimiento a los pequeños acontecimientos artísticos que le pusieron un poco de onda al 2020, el año que no fue.

Voy a empezar pidiendo perdón a lo que no pudo disfrutarse al nivel que se merecía. Si lo pienso demasiado, tendría que dedicar mil párrafos a disculparme de (casi) todo. No es la idea que pase esto. Tendré que domar mi genio y dejar de lado varias cuestiones.

En fin. Creo que a lo primero que le pediría disculpas por su forzado desaprovechamiento es a todas aquellas canciones hits que no pudimos bailar en boliches. YHLQMDLG de Bad Bunny nos ofreció 3 o 4 hitazos de pista de baile que, lamentablemente, nos vimos totalmente impedidos de conocer en su hábitat natural. Nos quedamos con las ganas de reventar el piso con nuestro grupo de amigues al compás del “conejo malo”. A este se le suma la propuesta de Colores de J Balvin, que también cuenta con algunas delicias musicales que no alcanzamos a saborear en todo su esplendor. Parece mentira, pero el principal factor para que una canción del género se considere hit, y quede guardado en la memoria social, son las veces que te hizo pegar la cola al piso haciendo equilibrio para que no se te derrame el trago. Dicho esto, esperemos que el 2021 nos brinde la posibilidad de volver a encontrarnos ebrios en algún barsito, gritando y bailando esos hits que este año no pudieron rendir la prueba de fuego.

Perdón a todos los instrumentos que cumplieron un rol de distracción en manos de asesinos seriales del placer musical. Cuántas guitarras, bajos, pianos, ukeleles, armónicas, baterías (¿?), han sido víctimas de desastrosos intentos de reflotar el sueño de la adolescencia. Con tanto tiempo disponible, muchas mentes atrofiadas han encontrado la oportunidad ideal de retomar o iniciarse en el desafío de, al fin, aprenderse esos dos acordes para subir el tema del momento a Instagram. La segunda pandemia. Ruego, con todas mis fuerzas, que no haya otra cuarentena en la que se le falte tanto el respeto a Euterpe. Perdón a Fede, del 6to b, por tener que bancarse las clases online de canto de su vecino. Gente, cuando no se puede, NO SE PUEDE.

Los fallecimientos se hicieron moneda corriente en el 2020. Por desgracia, se han ido muchas figuras reconocidas y entrañables. El mundo del cine, de la televisión, de la literatura, del teatro han sufrido tristes pérdidas. Ni la persona más pesimista podría vaticinar semejante escenario. Mes tras mes se sucedían terribles noticias que fueron la coronación del año como el peor de los últimos años. La última gran pérdida, definitivamente, fue la partida de El Diez.

Aprovecho las siguientes líneas para despedir a dos grandes figuras de la música, cada una en lo suyo. La primera de ellas tuvo una partida de las más indignas de la historia de la música. Estoy hablando de Sergio Denis. Nuestro querido Sergio. El accidente que lo llevó a conocer las puertas del cielo (creemos) no estuvo a la altura de su carrera, y lo sabemos todos. No sé si la parca tendrá algún sentido del humor, pero con él se pasó. Después de un poco más de un año de lucha, Héctor Omar Hoffmann Fenzel (¿más alemán no tenés?), emprendió viaje hacia el edén. Adiós, gigante chiquito. Si hay un mensaje que te pueda dejar es que te quedes tranquilo que acá abajo vamos a seguir empuñando tus canciones con orgullo, aunque sea para hacer memes. ¡Y bien que nos dejaste mucho y muy buen material para hacerlo!

La partida de la segunda figura que voy a intentar homenajear me tocó el alma. Para mí fue no sólo un músico, sino también un ídolo, un maestro, una guía en el basto mundo de la guitarra. Nacido para rockear y hacer hablar a la diosa de las seis cuerdas, Eddie Van Halen abandonó este plano para llevar su frankenstrat a explorar otros universos.

Pionero en el uso del tapping, su ejecución está en el top 3 de los mejores guitarristas de todos los tiempos. Van Halen se tomaba muy en serio sus intervenciones y supo llamar la atención del público con cada nota que salía de su amplificador. Y también le paró la oreja a otros grandes artistas y productores. Quincy Jones lo tuvo en cuenta para grabar el solo de “Beat It” de Michael Jackson, el mejor disco en la historia de la humanidad. Eso le valió alguna cagadita a pedos de parte de los integrantes de Van Halen, ya que se habían prometido no hacer colaboraciones con otros artistas. Una relación monogámica que se vio traicionada con la participación de Eddie en la obra maestra de Jacko. Yo también estaría celoso de que mi guitarrista se vaya a grabar con el artista más importante del mundo y, encima, le regale semejante solo de viola.

El virtuosismo de Eddie Van Halen se plasmaba en una ejecución exquisita, caracterizada por el uso del tapping. La pieza que mejor condensa su talento sin dudas es “Eruption”. Un himno de la guitarra. Allí demostró que hacía lo que quería con la viola. Esto le valió un reconocimiento honorable como guitarrista, cualidad que se les da a unos pocos como Slash o… Slash.

Van Halen es de los capítulos más importantes en la enciclopedia de la guitarra. Toda aquella persona que esté interesada en enredarse en profundidad con las seis cuerdas tiene, insoslayablemente, que conocer y estudiar el trabajo del nacido en Ámsterdam. Es algo así como las ecuaciones en matemática.
Personalmente, aunque no conozco su trabajo completamente, lo considero un gran maestro. Ni bien escuché el solo de “Beat It” volé. La sensación fue que se expandía el terreno de lo posible. Inmediatamente, tomé mi guitarra e intenté reproducir algo de lo que había escuchado, sin éxito alguno.

A Van Halen se lo toma en serio y con mucho respeto. Mi adiós especial a una leyenda única.

Para terminar la columna con una sonrisa o, al menos, sin tanta tragedia a la que ya estamos acostumbrados, voy a repartir algunos agradecimientos. En general, gracias a todas las personas que hicieron más ameno el encierro y, en cierto modo, hicieron más liviano cargar con la pandemia.

Tengo varios agradecimientos para hacer en forma particular. El primero de ellos va hacia Olavarría Rock, por permitirme este espacio en el cual podemos compartir, discutir, analizar y demás todo lo que atañe al mundo de la música y el arte en general. Y sumo mi gratitud hacia el medio de darle total importancia al arte local y nacional.
Gracias a todos los artistas por encontrar la manera de seguir compartiendo arte y por ayudar a la gente a conectarse. Espero que haya quedado demostrado que las disciplinas artísticas, además de ser una herramienta de expresión, constituyen un dispositivo de encuentro, de acompañamiento y de sociabilización fundamental para preservar nuestra cultura y nuestra identidad.

Bandalos Chinos, presentación de Paranoia Pop

Gracias a Bandalos Chinos, por “Paranoia Pop” y confirmar que son mi banda favorita. Ojalá sepan empuñar la bandera del rock/pop nacional al nivel de los grandes y llevarla con solemnidad a lo largo del mundo. Confío en que talento les sobra y que ganas no les falta. Sin presiones, sigan jugando con la estética sonora y visual que hace tan bien al espectador.

Gracias internet por permitir tales formas y calidad (se puede discutir) de conexión. Por más que reneguemos de protocolos de (in)seguridad, de que es imposible hablar de sillones sin que te aparezcan anuncios en nuestra app favorita más tarde, es uno de los inventos más gloriosos de la historia de la humanidad. Roguemos que su expansión se dé de la manera más democrática posible, ya que es una herramienta que nos permite poner en práctica uno de los derechos más valiosos del ser humano: el acceso a la información.

Y gracias a todas las personas que se han tomado el tiempo de leer al menos una de las columnas que proponemos. No dudo en afirmar que disfrutamos mucho el producir contenido y que nos encanta compartirlo para que podamos disfrutar juntos, reír juntos, pensar juntos. Ojalá esto dure mucho tiempo más, casi tanto como una eternidad.

Hasta acá llegamos. Espero que tengas un muy lindo fin de año. Por lo menos, que puedas tener un fin de año. Sin ánimos de mufar, que el 2021 sea mil millones de veces mejor que lo que fue esta época nefasta. Te deseo la mejor de las suertes y, principalmente, mucha salud. Nos vemos el año que viene. ¡Felices fiestas!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *