La banda azuleña estrenó su primer disco “Con cinta y alambre” el pasado 30 de mayo. En Olavarría Rock desmenuzamos este trabajo que trae mucho para analizar.

 

 

Por: Gonzalo Cabri

@GonzaCabri

 

Estamos de estreno. Inauguramos una nueva propuesta que está abocada al análisis musical de discos. Y para empezar con el pie derecho nos metemos de lleno con un trabajo que recién salió del horno hace apenas dos semanas. Se trata de “Con Cinta y Alambre”, el primer EP de la banda azuleña Bargus.
Este primer disco de la banda liderada por Lucas “Poyi” Flores, con quien tuvimos el agrado de realizar una fructífera entrevista que iremos compartiendo en los próximos días, se trata de una producción realizada por Bargus, Fernando Chiodi y Tomás Chiodi.

A lo largo de las 8 canciones, con una duración total de 37 minutos, el disco presenta un sonido que reúne lo mejor de varios géneros. Mezclado y masterizado por Tomás Chiodi, “Con Cinta y Alambre” es un mundo donde conviven el rock, el funk, el ska y el hard rock con una armonía con pocos precedentes.

En general, el disco es un trabajo muy coherente y maduro. Parece mentira que es apenas el primer EP de la banda que nació en el 2016 en la ciudad de Azul. “Con Cinta y Alambre” viene a constatar que, en estos cinco años de vida, los Bargus no perdieron el tiempo y se dedicaron a amalgamar minuciosamente las distintas influencias de la banda. El resultado es de admirar, ya que es muy difícil hacer convivir sonidos tan distintos con tanta frescura y naturalidad. En ese sentido, aprueban con honores.

Lo primero que impacta, y que será una especie de leitmotiv del disco, es el trabajo de guitarras, tanto eléctricas como acústicas, de la mano de Martiniano Pini. Son las protagonistas del disco, llevando adelante interesantes arreglos de armonía, con un buen uso de acordes de séptima mayor que nos llevan a un viaje espacial y que se mezclan con figuras propias del rock&roll y el garage rock que no sólo sirven como un cable a tierra, sino también para mover la cabeza al ritmo de los rasgueos y golpes de batería. En cuanto a guitarras respecta es todo muy prolijo. Fundamentalmente las seis cuerdas toman un rol rítmico, pero cuando hace falta un riff o algún firulete también asumen la responsabilidad con altura (diría Rosalía). No abusan de distorsiones ni de efectos de modulación. Todo en su punto justo y necesario para satisfacer el oído de toda persona que se encuentre con el material.

La base de bajo y batería se presenta con cimientos de buen material, logrando una contundencia en la zona de las frecuencias bajas muy firme. Bombo y bajo, en cuanto a sonoridad y mezcla, forman una dupla inquebrantable. A lo largo de todo el disco van sosteniendo todo el peso de las canciones con una energía única. En este sentido, mis aplausos para el productor que logró una mezcla muy profesional. En cuanto a la ejecución de ambos instrumentos, da gusto ponerse a escuchar los detalles de cada uno. El bajo de Gastón Albelo aparece con líneas muy efectivas, con aportes muy interesantes y sin presumir de chiches complejos. Hace justo lo que cada canción pide. Por su lado, Gonzalo Collova en la batería también ofrece cosas para observar con detalle, llevando el tiempo con mucha presencia y clavando fills demoledores que le ponen un extra a cada canción en sus intervenciones.

Si hay algo en lo que Bargus puede dar cátedra es en el uso del saxo. Un instrumento tan sensual debe ser utilizado con cautela e inteligencia. Muchas bandas han hecho un uso excesivo que quita la esencia propia del instrumento, llegando a generar cierto cansancio. Pero “Con Cinta y Alambre” lo sabe manejar muy bien utilizando su textura en los momentos precisos, con figuras simples y muy interesantes. A esto se le suma un muy buen trabajo de post-producción en el cual se supo exprimir a fondo el sonido del caño. ¡Bravo por Guido Galizzio! A los arreglos de vientos se suma el trabajo de Facundo Maddio, como artista invitado, en trompeta y trombón.

Con menor protagonismo pero no menos efectivos aparecen pinceladas de teclados y violines. En el caso de las chapas se aprecian texturas que rellenan el espectro estéreo de las canciones en las que aparecen y dan un empuje extra. El violín, otro instrumento que es usado de manera inteligente, aparece recién en la última canción, sorprendiendo y aportando su dulzura tan característica. Tomás Chiodi y Tomás Correa fueron los encargados de los teclados y el violín, respectivamente.

La voz principal de Lucas “Poyi” Flores se acopla muy cómodamente como la frutilla del postre. Muy natural, sin demasiado procesamiento, con calidez y presencia. No es ambiciosa en los arreglos, va directo al grano con la energía que pide cada canción. Un rango y color vocal interesantes, muy equilibrada en el registro de pecho y mixto. Su textura cambia según los requisitos de la canción. En general se trata de una voz filosa y raspada en las notas altas, que se vuelve más limpia en los registros medios y graves. La afinación está bien logra, incluso con pequeños corrimientos casi imperceptibles que permiten transmitir naturalidad.

Aún siendo un disco muy prolijo y bien logrado, se podrían haber explotado más los arreglos corales. Un recurso que podría haber aportado aún más a ciertas canciones, ampliando y sirviendo de apoyo para las armonías más espaciales.

Las canciones

Como se adelantó más arriba, “Con Cinta y Alambre” es un disco heterogéneo en el que conviven el rock&roll, el funk, el indie, el ska y el hard rock. Sin embargo, el sonido está tan bien logrado que estos géneros conviven de modo muy coherente. Cada canción es un pasito adelante en esta gran aventura sonora.

El disco inicia con “Los Míos”, una canción de 5 minutos de duración en la que predomina el indie rock y el brit rock, al mejor estilo Arctic Monkeys, The Strokes y hasta Queens of the Stone Age. De entrada las guitarras eléctricas se encargan de abofetear al oyente con rasgueos rítmicos en semicorcheas. Para las estrofas se calma el ambiente cayendo sobre un acorde de La con séptima mayor que invita a un viaje astral. La lírica transmite mucho el sentido de pertenencia y la grata sensación de contar con gente que apoya incondicionalmente. El estribillo es bien rock&roll, con tónica y cuarta, derecho a los bifes.

El segundo tema, “Dando vueltas”, es más crudo y presenta el primer riff del disco. Una onda más Sueño de Pescado y ciertas reminiscencias a Callejeros. Una canción muy rockera hasta en el modo en que la voz entona cada frase. El saxo toma mayor protagonismo afirmando el sonido más ligado al rock barrial. Con un final a doble tempo, esta canción concluye con todos los instrumentos cortando al compás de la batería.
Con “Mantras” hay una bajada de decibeles notable. Una canción más tranquila a mid tempo, estructurada sobre la escala de Do sostenido menor. Las guitarras se tornan más funkeras y limpias. Sin lugar a dudas, es la canción a la que mejor le queda el saxo. Un soft rock que pretende ser himno y, en cierto punto, lo logra. De mis favoritas del disco.

Toda la tranquilidad de “Mantras” se ve atentada con la entrada de “Retorcido”. La intro del bajo, super saturado y filtrado, con un riff demoledor recuerda a producciones como Muse, llegando a tener un parentesco con “Plug In Baby”. La canción hace honor al rock más pesado, con orientación a bandas como Riff. La guitarra se acopla al ostinato del bajo para dar paso a la voz principal, que también adopta la melodía de la introducción. El estribillo hace caso al título de la canción, con las guitarras furiosas haciendo arreglos muy del palo de Pescado Rabioso. Un muy buen tema para agitar la cabeza.

El ska se adueña de la escena en canciones como “Talismán”, “Estar en casa” y “Navidad”. El primero tiene una intro que recuerda a “La Bolsa” de Bersuit Vergarabat. Dedicado a una pariente, comentaba Lucas “Poyi” Flores en la entrevista, la canción es un empuje de energía para alguien que se siente en la lona, tanto desde lo lírico como de lo musical. “Después del fondo siempre hay que subir”, reza el pre estribillo. En el estribillo vuelve la onda más rockera recordando a Sueño de Pescado. Placer de los placeres es el puente post estribillo, con el bajo haciendo una figura muy agradable a la escucha. Por otro lado, “Estar en Casa” tiene una onda más Los Pericos, con los caños tomando la posta y presentando el tema. “Navidad” es más acelerado, con un cierto parecido a Los Fabulosos Cadillacs. Tres canciones muy bien ubicadas dentro del contexto del álbum y que invitan a bailar desde lo musical y a reflexionar desde lo lírico.

El clima se pone un tanto gris con la llegada de “Nubes”. La canción que cierra el disco elimina todo rastro fiestero y alegre instalado por las tres canciones predecesoras. Con la voz acaparando toda la atención, “Nubes” nos mete en la tormenta nostálgica del recuerdo de alguien que ya no está. La armonía se desenvuelve entre la tristeza y la resignación. El violín aparece con una ejecución precisa y una melodía simplemente bella. Muy bien transmitida la sensación de un día nublado sin que caiga la lluvia. El final con el piano recordando a “Viernes 3 A.M.” es una delicia.

Datos técnicos:

“Con Cinta y Alamabre” – Bargus (2021)

Fecha de estreno: 30/5/21

Duración: 36 minutos, 57 segundos

Producción: Bargus – Fernando Chiodi – Tomás Chiodi

Mezclado y masterizado por Tomás Chiodi

Bargus está conformada por:

Lucas “Poyi” Flores – Voz

Guido Galizzio – Saxo

Gastón Albelo – Bajo

Gonzalo Collova – Batería

Martiniano Pini – Guitarra

Artistas invitados:

Tomás Chiodi – Teclados

Tomás Correa – Violín

Facundo Maddio – Trompeta y trombón

 

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